Hoy Luis y Mariluz
están de Aniversario;
entre el oro y la plata
ellos celebran el Cadmio.
Ella, artista y literata,
él, científico y sabio;
nunca la naturaleza
supo hacer mejor apaño.
Que hay que verlos bailar
que parecen una dinamo,
dando vueltas y más vueltas
son de las fiestas reclamo.
¡Ay, qué bien se pasa con vosotros!
Yo en esta copla reclamo
que insisto y repito
y de decirlo no me canso,
que sois la pareja más simpática
que se vió nunca en Santiago.
Yo sigo con Portugal, que es lo mío. Hace unos meses apareció una encuesta que revelaba que el 50% de los portugueses estaban a favor de la unión ibérica, y de ese 50%, el 75% estaría encantado de ser súbditos de nuestra corona. Bueno, pues yo también estoy muy de acuerdo. Y creo que deberíamos unir la Iberia ya y ser un sólo país, que este “no me ajunto” ya ha llegado demasiado lejos. Claro que se dice, se rumorea, se comenta… que vamos justo en la dirección contraria. Insisto: a mí de Portugal me gusta mucho el caldo verde y el bacalhau a la portuguesa. Hoy fotos de Viana do Castelo.
A los portugueses les encanta poner iglesias en las cimas de los montañas, allí perdidas.
Aquí la prueba. Vista desde la foto anterior.
Luego se me ocurrió subir al cimborrio, para ver el paisaje desde incluso más arriba. Muy mal rato. Veánse las escaleras nefandas.
Más escaleras del demonio.
Pero atención al bujero para dar marcha atrás. No tenía ni un metro de alto. Un escándalo, un escándalo.
Calle típica de Viana.
Otra calle típica. Tienen muchas calles en general.
Mi interpretación personal es que éste es un monumento a la abolición de la esclavitud. Pero claro, puedo estar totalmente equivocada. Se admiten aportaciones.
También me he acercado a Portugal. Y vosotros preguntaréis: ¿y tú qué pintas en Portugal? Y yo os respondo con el aforismo tradicional: Portugal es un país independiente que inventaron los gallegos para salir al extranjero sin moverse de casa. Yo soy gallega, ergo yo voy a Portugal. También existe el fenómeno “Portugal ni siquiera es un país”, muy parecido al “Canadá ni siquiera es un país” de los americanos, pero éste lo aporto informativamente, no vaya a ser.
A mí con la nación lusa lo que me pasa es que me parece como Galicia, pero hace sesenta años. Más sucia, más pobre y todo el mundo con más bigote, incluidas las mujeres. Además, Portugal comparte con Galicia una de las cosas que menos me gusta de mi patria chica y que no es otra que el gusto por estar llorando todo el día. Que si nos hicieron esto, que si nos hicieron lo otro, que pobrecitos de nosotros, que ay, bendito. Hombre, a todo el mundo le pasan cosas malas y no es cuestión de pasarse el resto de la vida soltando mocos. Por eso a mí, toda la cultura del Fado me deja un poco indiferente. Al contrario que este chiste que me encanta.
Van cien gallegos como cien castillos cogidos de la mano llorando por la Gran Vía de Madrid. Un hombre les para y les pregunta: -¿Pero qué les ha pasado, hombres de Dios? Y uno de los gallegos responde llorando mucho -Es que nus hemus perdidu.
Pues eso, que menos lloriqueo hombre, que no llorabáis tanto cuando llenábais América de esclavos negros (a los portugueses me refiero, sí).
Aquí os dejo unas fotos para que os forméis vuestra propia opinión y vuestra propia forma de pensar. Braga se llama la ciudad. De verdad de la buena.
En Portugal las mesas siempre-siempre son muy pequeñitas.
Y lo normal es que a cualquier hora del día los bares y cafeterías estén llenos de hombres y vacíos de mujeres.
La foto es del 11 de Mayo, pero ese cartel pone 2 y 3 de Mayo. No se matan por estar al día.
Estaban de aniversario pero no repusieron los cristales de las ventanas.
Este jardín merecía la pena.
El barroco es por definición exceso. Pero en Portugal, más.
En serio: hasta en España tenemos las bases de datos más actualizadas. Ahora, los azulejos, muy vistosos.
Éste era el parking en pleno centro. Lo juro. Ahí se ve mi coche.
Entré toda contenta esperando bacalhau á portuguesa. Lamentablemente me pusieron un pescado bastante malo. Detesto los asientos sin respaldo.
De toda la vida a los portugueses les ha encantado llevar plumas en la cabeza.
Lo dicho. Lo de la teatralidad del Barroco los portugueses se lo tomaron muy a pecho. Esto es el Gólgota.
Tenían aquí un tren en una cuesta empinada que daba gloria verlo. Y un poco de miedo por la falta de seguridad.
En este reencuentro con mi tierra no podía faltar el fin de la Tierra. Hasta Finisterre me he encaramado para sentir la sensación de tantos peregrinos pensando non plus ultra. Ahora sabemos que sí que existe. Yo vivo allí. Pero nunca es un mal momento para disfrutar de la belleza genuina de Galicia. El punto más Occidental del antiguo Occidente. Donde el sol moría. Podría contar como el GPS me ha llevado por, literalmente, caminos de cabras, que yo me vi pero que muy mal, pero prefiero dejaros con la inmensidad del mar.
Y en la belleza sublime de la Naturaleza, de pronto, apareció el arte.
No sé yo si el sonido de las Chirimías se parece mucho a la música celestial.
Pero sé que momentos como éste le hacen merecer al Catolicismo la fama de tener la liturgia más hermosa de la Cristiandad.
Y aquí la joya de la corona: el Botafumeiro. No se pierdan los comentarios del pelaje “Ahívaahívaahíva” o “miramiramiramira”. Tampoco la frase mítica “John, míralo con tus ojos”.
En fin, no lo puedo evitar: cada vez que lo veo me descancanillo.
Hoy he estado en Compostela. Creo que tengo un problema de múltiple nacionalidad. No hay sitio al que vaya que no se me hincha el pecho. Mi homigo siempre alababa mi capacidad para disfrutarlo todo. Es verdad. Acaso será falta de criterio. No lo creo. Me pregunto dónde estará el límite. Y me respondo que está en los confines de Occidente. Yo creo, que antes que nada, soy occidental, y no hay rincón de la Cristiandad que a mí no me emocione.
O a lo mejor estoy equivocada y mis escasas incursiones fuera de mi mundo no han sido lo suficientemente reveladoras. A lo mejor pongo un pie en Japón y me siento japonesa. O me acerco a Siberia y me creo Lara. Pero puedo decir que ya me he querido comprar una casa de campo en Escocia, y que trabajo duro para poder hacerme con un caserón en la Toscana. Que se me saltaban las lágrimas en un concierto en el Musikverein de Viena aplaudiendo la Marcha Radetzky y que he visto pocos paisajes tan bonitos como las mesetas nevadas de Finlandia.
Hoy he estado en Compostela. Y me he sentido en el centro del mundo.
Hay que ver que me he tenido que venir a España para enterarme de que a cuatro horas de mi casa en USA, en mi mismo estado, se encuentra el cuartel general del ejército mercenario más poderoso del mundo: Blackwater Worldwide. Al parecer en 1997, un tal Erik Prince, republicano hasta la médula y antiguo Navy Seal, se fue allí a un tiro de piedra de mi casa, ya digo, a montar un chiringuito en el que entrena cada año a un orden de 50.000 hombres y que manejan armamento incluso más sofisticado que el del U.S. Army.
Se dice que el primero que les dió trabajo fue Bill Clinton, y con George W. Bush, han tenido un papel preponderante en Irak, donde custodian la zona verde o zona segura. Entre sus credenciales figura el hecho de que ninguno de sus custodiados ha muerto nunca y en la actualidad están operando en un montón de países.
Sus detractores dicen que es una fuerza paramilitar creada para no tener que dar explicaciones en el Congreso. No olvidemos que es lo que técnicamente podríamos considerar un “ejército privado”. Si soy sincera, el último país del mundo donde yo esperaría mercenarismo sería en USA donde aún se apela con tanta fuerza a los ideales y honores y demás. En el resto del planeta ya tenemos más experiencia con el tema de los mercenarios y me parece a mí que estamos más que escaldados con la cosa. No sé qué pasará con este nuevo experimento.
Un tal Jeremy Scahill ha escrito un libro sobre el asunto y sostiene que gane quien gane en las elecciones americanas, Blackwater tiene el futuro más que asegurado porque tanto demócratas como republicanos les van a seguir haciendo encarguitos. Hasta tienen un servicio de inteligencia que podría hacer temblar a la misma CIA y de nuevo en palabras de Scahill, tienen allí metidos a los peores asesinos del mundo. Los más crueles y los más puñeteros. Una cosa como la antigua Legión, pero sin cabra.
El nombre ya da un canguele que te mueres, pero al parecer no se le ha ocurrido a Pepiño Blanco sino que procede de una laguna próxima a los Head Quarters. El logo es hortera con ganas.
Ayer fui al servicio oftalmológico de la Seguridad Social. El caos. Yo nunca vi nada semejante. Sobresaturación de pacientes, los enfermeros locos con pilas de expedientes en los brazos, los propios médicos que no sabían a quién atender corriendo de un sitio a otro… Una de dos: o empieza a ir menos gente al médico o dejamos de subvencionar películas. Porque está claro que no hay dinero para todo y habrá que empezar a priorizar.
En USA es más que frecuente ver anuncios en la televisión a favor o en contra de tal impuesto. Parece ser que allí los votan por separado y menudos debates que se forman antes de decidir apoquinar para una cosa u otra. En España, que somos mucho más dóciles, cargamos con todo el paquete y aceptamos mansamente el atropello. Y vemos todos los días por la propia calle que estamos sufragando auténticas tonterías y nos viene dando igual.
Yo me pregunto hasta dónde queremos llegar con nuestra solidaridad. Porque la solidaridad ain’t no joke. Yo estoy dispuesta a ser solidaria y a ceder parte de mi dinero para garantizar que todo el mundo tenga acceso a una educación y sanidad universales. Aquí, en USA y en Bután. Pero, ¿quiero seguir pagando cosas que me parecen absolutamente superfluas y que además creo que deben costear los principales interesados (sobre todo si luego me van a cobrar por ello), mientras la educación y la sanidad se van al garete?
Una revolución civil es lo que nos hace falta. Nuestro sistema sanitario, el mejor del mundo, está al borde de la quiebra mientras se siguen gastando millones y millones de euros en móviles, clases de idiomas, y otras muchas cosas que denotan lo poquito dispuestos que están nuestros compatriotas a petar sobre la mesa.
¿Dónde están los españoles del 2 de Mayo? Yo, que soy una especialista en Barroco, voy a tener que acabar admitiendo que, efectivamente, en algún momento, ha habido una ruptura en la secuencia genética.
Si algo se echa de menos de América cuando se llega aquí es aquello de que “el cliente siempre tiene razón”. En USA tú entras en una tienda, y a no ser que el atendedor sea afroamericano, con lo cual tienes bastantes papeletas de que te trate como escoria si eres blanco, en general se despepitan contigo, dan con la cabeza en el suelo y te llaman ma’am.
Aquí es que todo lo contrario, oiga. Llevo desde que llegué de mandados, y yo digo como el otro, pido paciencia, comprensión, amor y todas esas cosas, porque como pida fuerza… como pida fuerza… Parece que hay que estar detrás de todo el mundo para que te hagan las cosas, ¡que al final vas a pagar! que es lo sangrante. Llevé un aparato a arreglar el lunes y me aseguraron que ese mismo día estaría. Pues ayer, miércoles, tuve que llamar de nuevo hecha una hidra del infierno, y aún no se habían puesto con él. Encima se excusaban que si les faltaba el no sé qué o el no sé cuánto. Pues llama, voto a bríos, llama, y no me tengas aquí de nones.
Claro que el culmen de la surrealidad me acontenció ayer a mediodía. Como en mi casa son muy tecnócratas tienen mucho aparataje, en especial audiovisual. Llego de las Américas y allí ni se ve la TDT, ni se puede grabar ni una película ni ná de ná. Me pongo yo a fuchicar como si fuera MacGiver con un resultado pésimo. Moraleja: hay que llamar al técnico.
El tío pone un pie en la cocina, antes de llegar al Salón y le digo: “Es que no podemos ver las digitales y las analógicas a la vez”, y sin haber visto ni un sólo aparato me dice: “Ah, no, es que eso no puede ser, o unas u otras”. Me quedo a cuadros porque toda la vida las hemos visto todas. Sigo. Llega al salón, y después de efectivamente haber habilitado la visión de ambos tipos le digo: “Es que me gustaría que la TDT entrara por el grabador para poder grabar las películas”. Respuesta: “Ah, no, eso no puede ser”. Ya algo perjudicada le contesto: “¿Pero como que no puede ser si yo he grabado miles, qué digo miles, millones de películas?”. Revisa la cosa y dice: “Ah, sí”.
Bueno, el tiparraco era de la Cofradía del No. Estoy segura de que estuvo en primera línea en el “No a la OTAN”, el “No a la guerra”, y el “No a los pepitos de ternera”. Esto del “Ah, no”, me lo debió repetir unas 12 veces, para luego demostrarse que era “Ah, sí”. El grado paroxístico llegó cuando pronunció la frase: “Ah, no, es que con el grabador no se puede grabar”.
Para más enjundia, ya en llegando a sus últimos noes, me puso verde por tener tanto ingenio tecnológico mientras expelía todo lleno de razón echándome la bronca: “es que no es lógico tener tantos aparatos”.
¿Acaso no es sintomático que a los dos días de estar aquí ya haya ido a una paparotada? Para los que no conozcan el significado de dicho término dícese de “comida pantagruélica, informal y folclórica que acontece en Galicia, a menudo acompañada de músicas, bailes y actividades populares”. La definición es mía.
En este caso se trataba de celebrar “Os Maios” o fiesta del año catapum chimpum, que dicen que ya viene de la prehistoria, cuando los hombres de las cavernas se alegraban mucho de que volviera el buen tiempo, después de haber pasado mucho pelete en el invierno. Al parecer la fiesta de los maios tuvo mucho éxito en la Edad Media y desde entonces gallegos a porrones la han celebrado a principios de cada Mayo.
La cosa consiste en hacer unas figuras con musgo, castañas y otros elementos de la madre naturaleza, y componer unas coplillas en las que se meten con todo lo posible y que necesariamente han de estar cargadas de retranca gallega. La retranca es el “sumun de la ironía paradójica” en definición de mi padre, que además de científico, es un hombre sabio. Porque ya sabéis que yo soy muy española, pero hay que reconocer que como el humor gallego, no hay ningún otro en la península. Qué gracia tenemos, vive Dios.
En los tiempos antiguos esto de las coplas tenía su razón de ser, porque era el momento que tenían para quejarse. Pero hoy en día, que todo el mundo se queja contínuamente a todas horas, y sobre todo por tonterías sin ningún tipo de importancia, olvidándose de lo importante (que hay que ver cómo tenemos la economía), parece que esto ya empieza a perder el intríngulis.
Los maios pertenecen a la cultura popular, al igual que las verbenas de pueblo, o la afición futbolística, y está muy bien y la cultura popular tiene el mismo derecho a existir que la alta cultura. Lo malo, lo malo es cuando el gobierno mete mano donde no tiene que meterla y favorece a la una sobre la otra. Cuando se favorece la alta cultura, es el caso menos grave, porque la cultura popular siempre sobrevive como expresión de la vida cotidiana del pueblo llano. Ahora, los gobiernos que les da en exclusiva “por lo nuestro”, “esto lo hacían en el siglo 2 antes de nuestra era” y todas esas cosas… esos, esos destruyen el sustrato intelectual de una nación. A continuación pequeño reportaje fotográfico.
Aquí un maio tradicional. Ganó el Primer Premio en esta categoría.
Aquí otro maio tradicional. La señora increíblemente elegante con su chaqueta roja neoyorquina es mi señora madre.
Aquí el Primer Premio en la categoría de Maio Artístico. Retrata a Concepción Arenal, una de las figuras más importantes de la Historia de España. Gallega. La primera mujer que osó ir a la Universidad para lo que tuvo que vestirse de hombre. Suya es la frase “Odia el delito y compadece al delincuente”. Por supuesto no la conoce ni el Tato.
Aquí otro maio artístico. Las vacas y el carro. Muy típico.
Aquí un maio del año 39. Dice textualmente: “España ha de ser outra y hemos de percurar que o macho sexa macho e a femia eso na máis. Camina Mayo Novo dispoixas de berrar ¡Franco, Franco, Franquiño e arriba España xa!”. En fin… Esto de Franco, Franco, Franquiño… yo no sé cómo no fusilaron a estos.
Aquí la paparotada en sí.
Aquí más de cerca, con su costillar y su pulpito.
Aquí los lugareños a lo suyo.
Adjunto aquí un video de una Regueifa que también la hubo. Las regueifas son formas culturales que ya vienen de la Edad Media y en las que dos mozos se pegan haciendo rimas improvisadas. En la literatura castellana tienen el nombre de Debates y por supuesto existen en muchas otras culturas del viejo continente. Pongo esto básicamente para que todos estos raperos europeos se den cuenta del ridículo que hacen importando una forma extranjerizada que resulta que hemos tenido aquí toda la vida.