Posteado por: Alejandra | 21 Noviembre 2009

Fiesta con solera

Hoy hemos tenido la fiesta de los medievalistas/renacentistas/barroquistas. Como la universidad está temblando porque ahora es cuando nos llega a nosotros la crisis (aquí las universidades se financian jugando a la bolsa en gran medida y ahora es cuando llega la gran hecatombe), la fiesta ha sido en casa de mi jefa y en plan potluck, lo que significa que hemos tenido que venir de casa con la comida puesta. Se acabó la free food. Esto ha dejado de ser un Potosí. Maldición, siempre nos pasa lo mismo con este continente.

Como yo antes muerta que sencilla, le he sugerido a mi secuaz Darth Vader que cocináramos una tarta de Santiago. Más o menos yo he sugerido la idea (porque yo soy una ideóloga nata), él la ha cocinado y yo le he animado. A mí me pareció una idea genial porque así vamos haciendo publicidad del imperio (español) del mal. Cómo bien sabéis, gran parte de la gracia de la tarta de Santiago está en que lleva la cruz incorporada y  una cruz, sobre a todos los medievalistas, en estos ambientes siempre gusta más que a un tonto una tiza. Darth Vader se ha empeñado también en hacer tortilla de patatas, porque nosotros hacemos patria donde sea y cómo sea, y le hemos plantificado unos palillos rojos y amarillos. No podemos evitarlo. Somos barroquistas. Lo recargamos todo de significado. Los palillos han pasado desapercibidos pero la tarta ha sido un éxito. Nos han pedido la receta y todo. Préparate mundo, que el imperio contrataca.

La Tortilla

La tortilla, que es diminutivo.

La TARTA

La TARTA

Posteado por: Alejandra | 19 Noviembre 2009

El soft-rock. Viva yo.

Estoy bastante contenta por un descubrimiento que he hecho recientemente. Y he tenido que venir a USA para enterarme porque en España no me entero de nada. Resulta que durante toda mi vida, cuándo me preguntaban qué música me gustaba, yo siempre me quedaba así un poco como con cara de velocidad. Luego con el tiempo aprendí a decir “swing” porque al fin y al cabo Sinatra cantaba swing y eso siempre queda glamouroso. Pero una gran cantidad de música que me gusta se quedaba fuera de ese conceto. Las únicas expresiones que se me ocurrían que podrían dar una idea al común de los mortales eran “música pastelosa”, “música hortera”… Y lo pasaba muy mal. Para mí, tener que decir aquello de “me gusta la música hortera” era un sufrimiento.

Pero ahora he descubierto que la música que a mí me gusta se llama soft-rock. Sí, señor, con un rock y todo de apellido. A ver qué va a ser esto. Que se manifiesten los lectores masculinos de este blog, pero mi teoría es que este tipo de música estimula un no sé qué del cerebro femenino. Yo noto como mis neurotransmisores se ponen en funcionamiento con estas ondas sonoras y aunque sé que me condena un poco al ostracismo social, me importa más o menos un pepino porque me causa placer cerebral. Aquí os dejo algunos vídeos de soft-rock y exijo respeto en los comentarios. Va por vosotros dos, sí. Tomadme o dejadme.

I’m not in love – 10cc

Don’t give up on us baby- David Soul

Do that to me one more time – Captain and Tenille

If you leave me now – Chicago

Just when I needed you most – Randy Van Warmer

Close to you – Carpenters

Can’t smile without you – Barry Manilow

Making love out of nothing of all – Air supply

Alone again (naturally) – Gilbert O’Sullivan

How deep is your love – Bee Gees

You are the sunshine of my life – Steve Wonder

Nobody does it better – Carly Simon

You light up my life – Debbie Boone

All by myself – Eric Carmen

Posteado por: Alejandra | 17 Noviembre 2009

Pregunta

Mi pregunta en concreto es: ¿qué se entendía en los setenta por atractivo sexual o por lo menos por un aspecto más o menos atractivo? ¿Molaban las gafas de culo de vaso en aquella década maravillosa?

Por otra parte esto refueza mi teoría de que cada vez somos más de plástico. Creo que tengo una época europea.

Posteado por: Alejandra | 16 Noviembre 2009

Dedicatoria

Hoy, en el servicio del Pastor Mel, han “dedicado” un niño llamado Ellias. No es la primera vez que asisto a este ritual. Los padres con su hijo se ponen delante del altar, mientras toda la comunidad recita unas palabras comprometiéndose a criar al niño lo mejor posible. Luego el pastor Mel camina con el churumbel por el pasillo arriba y abajo para que todos lo veamos bien y él nos vea bien a nosotros. Ellias fue todo el camino chupándose el dedo. Y no era tan pequeño, ¿eh? Lo que más me llamó la atención fueron sus padres. Llorando mientras el niño desfilaba. Dos padres muy jóvenes. Yo diría que rondando los 25 años. Y los dos muy guapos. Muy blancos. Con los ojos muy claros. Muy sanos. Muy llenos de inocencia. Muy como recién salidos de una granja de Iowa. Con las típicas sonrisas americanas, amplias, honestas, de dientes notables y relucientes. Parecían dos niños el día de su primera comunión. Él con su flequillo recto incluido. Cierto aire provinciano tan genuino. Por un momento dejé de estar en la América de los neones y las hamburguesas y el pop y el Studio 54. Desapareció la América de los beats, y los civil rights movements, y el hip-hop y la attitude. Y de pronto ahí estaba yo, en la América de la post-depresión, con sus furgonetas pick-up, sus petos vaqueros, sus tartas de manzana en los alféizares; con sus personajes rurales e ingenuos, llenos de ilusión y de esperanza en un futuro mejor.

El domingo que viene mi iglesia baptista acogerá una conferencia sobre la importancia de la separación Iglesia-Estado. Menudos son los protestantes.

Posteado por: Alejandra | 14 Noviembre 2009

Ya soy legal otra vez

Sí, amigos, sí. Hubo dudas al respecto teniendo en cuenta cómo funciona todo en España. Y peor aún en la España allén de los mares. Pero por fin he dejado de ser una apátrida. Vuelvo a tener mi pasaporte español y me siento otra vez de la familia de la tortilla de patatas. Expedido en Washington DC, claro, porque yo, antes muerta que sencilla.

Posteado por: Alejandra | 13 Noviembre 2009

Los dispositivos externos de memoria humana

Hoy Antigourmet escribe sobre los dispositivos externos de memoria humana quejándose mucho de ellos. En concreto de una aplicación del Iphone que te dice con qué comida va cada vino, cosa que antes había que saberse de memorieta. Yo ya hace mucho tiempo que he capitulado y he depositado mi memoria en chips y circuitos. No es sólo el GPS sin el que literalmente ya no puedo ir a ningún sitio, sino calendarios digitales, agendas móviles y tantos otros recursos electrónicos.

A mí no me molesta que nos convirtamos en cyborgs. Algún día todas estas extensiones estarán internas en el cuerpo. Lo que realmente me fascina es pensar en cómo va a derivar nuestra parte humana. Si no necesitamos más el tipo de memoria que almacena este tipo de datos… ¿en qué ocuparemos nuestros cerebro infinitamente plástico? Yo creo que seremos más imaginativos y por lo tanto más virtuales. Si nuestro cerebro va perdiendo de esa manera los nexos con la realidad (recordar el camino al trabajo o de vuelta a casa es un poderoso nexo con la realidad), no cabe duda de que cada vez desarrollará más operaciones encaminadas a la fantasía y a la creación de una vida paralela (y mejor). Si nuestro cerebro es capaz de imaginar más, lejos de encontrarnos día a día con la terrible realidad, toda la industria de realidad virtual nos ofrecerá el vivir esas experiencias también a nivel físico. En resumen, viviremos conectados a unas máquinas que harán materiales todas las cosas increíbles que soñemos.

Estas cosas en principio siempre asustan a la mayoría de los mortales. Qué horror tener que dejar de lidiar con la realidad. Pero es básicamente lo que hemos hecho siempre desde que el primer Sapiens Sapiens nació. La vacuna contra la viruela, los aviones, el cine, no son más que infinitas maneras de modificar la realidad a nuestra conveniencia. Así que, lo que haya de venir, bienvenido sea.

Posteado por: Alejandra | 12 Noviembre 2009

Mi teoría número 345648962

Yo ya supongo que esta teoría no es mía propia en exclusiva y que a algún copión se le habrá ocurrido antes que a mí. Pero yo creo que en realidad, en la vida, nadie tiene ni pajolera idea de por dónde va. Yo creo que la única diferencia es de perspectiva. Hay gente que cree saber por dónde va, totalmente equivocados, añado, y hay otra gente que es consciente de que no hay manera humana de planear la vida. Yo pertenezco al segundo grupo. Yo soy tan consciente de la cantidad de variables temporales y espaciales que determinan cada acontecimiento de nuestras vidas, que ya intento preocuparme lo mínimo posible que aún así sigue siendo mucho. Variables temporales y espaciales inidentificables, agazapadas detrás de una esquina, estilo ninja, que te están haciendo la puñeta incluso cuando tú ni siquiera eres consciente de su existencia.

No es el propósito de este post dar una serie de recetas mágicas para dejar de preocuparse ante la vida. Nada más lejos de mi intención. Preocúpense. Es una de las pocas maneras que tenemos de sentirnos vivos. Escribo este texto más bien para pitorrearme de todos aquellos que creen que tienen la cosa bajo control. Qué ilusos. Qué inocentes. Qué cuturros. Ha-ha.

nelson-muntz

PD: Por cierto, que maravilloso es tener blog y amigos millonarios. Hoy ha llegado a mi casa un paquete de jamón serrano de verdad. ¡Gracias!

Posteado por: Alejandra | 11 Noviembre 2009

El consumo

A mí en general todas las quejas contra la sociedad consumista me suelen parecer un peñazo. Fundamentalmente porque la mayoría de las quejas de nuestro mundo contemporáneo no son más que otro producto de consumo. La rebelión se ha convertido en otro tipo de bien y se trafica con él como se podría traficar con bastoncillos para los oídos. A mí me da más o menos lo mismo que la gente consuma más o menos. Estoy de acuerdo en que hay consumos que son para subirse a una azotea con un rifle de largo alcance, como por ejemplo, la cantidad de energía eléctrica que gastan los americanos para tener todas y cada una de las habitaciones encendidas siempre. Pero también creo que cada vez que nos acercamos a la catástrofe, va alguien que inventa algo nuevo y mágicamente se arregla todo. Me acuerdo de una entrevista a Matt Ridley, un periodista científico, autor de un libro que se llama “Genome, Nature Via Nurture: Genes, Experience, and What Makes Us Human“, en la que explicaba que si no hubiéramos dejado nunca la fase de cazadores-recolectores, ahora necesitaríamos 85 planetas para alimentar a la población mundial. Vamos, que la gente se cree que la naturaleza permanece incólume mientras nosotros nos dedicamos a destruirla, cuando la cosa más bien es un bucle retroalimentador. Para que se me entienda: jamás hubiéramos llegado a los 6000 millones de personas si no hubiéramos dejado la fase cazadora-recolectora. Por eso hay que ejercer algo de optimismo católico y dejar de pensar que el mundo va a acabarse. Hay que impulsar un desarrollo sostenible, of course, pero abandonar ya las teorías apocalipticas en las que nos hemos instalado de manera algo ridícula. Ya inventarán algo.

Toda esta perorata criticando los grandes éxitos de la “contra-cultura contemporánea”, viene a que a mí lo que me fastidia de verdad, no es el consumismo, sino el consumo. Porque yo soy una teórica muy alejada de cuestiones pedestres, como conviene a mi glamour y elegancia. A mí lo que me parece intolerable es que haya que comer, o vestirse para no congelarse, o necesitar fluor para no quedarse sin dientes, o dormir bajo techo para que no venga un león y te coma. A mí lo que me fastidia es tener cuerpo. Si no tuviéramos cuerpo podríamos dedicarnos a lo que quisiéramos y todas nuestras presiones vitales desaparecerían por arte de magia. No estaríamos atados a ninguna responsabilidad. No tendríamos miedo a morirnos de hambre. Nadie podría estar por encima de nosotros ni nosotros estaríamos por encima de nadie. Nuestras relaciones personales serían más intensas y más honestas. Viviríamos para siempre en el mundo de nuestros sueños. La vida sería fantástica.

Bueno, vale. Está bien. Me he convertido en una idealista. ¿Qué pasa?

Posteado por: Alejandra | 10 Noviembre 2009

Hoy he comido jamón

Hoy tenía algo que celebrar y me he ido al Whole Foods, que es el supermercado superpijo que tenemos por aquí, a comprar jamón serrano y queso manchego. Que hacía años que no les hincaba el diente. El queso era manchego de verdad. Un pedazo de nada, 6 dólares o sea 5 euros. El jamón era Prosciutto de ese, que es como el jamón serrano pero en italiano. Una cosa así como el Prosecco, que es el champán italiano que tienen aquí en todos los sitios mientras el cava no lo conoce nadie. Y ni siquiera podemos importar jamón serrano, que es el único jamón en el mundo que merece ser llamado tal.  Trescientos gramos de Prosciutto, 12 euros. Casi me da un telele a la hora de pagar. Pero bueno, la celebración es la celebración. Y además, ya sabemos que yo dramatizo mucho, así que no asustarse. Ahora me duele un poco la tripita, por la maldita gula, y no hay nadie cerca que me dé “fregas” en plan palabras mágicas como hago yo con los demás. Qué asco de vida. Mamá, vete haciéndome la tortilla.

Posteado por: Alejandra | 9 Noviembre 2009

Dejad que los niños se acerquen a mí

Creo que ya ha pasado la época del pelo y en los últimos días a la gente le da por decir que se me dan muy bien los niños. Trato tanto con mi vecina y sus dos churumbeles que ya parece que vamos incluidos en el mismo pack. El otro día me enfrente con la difícil tarea de desenredar el largo y fino pelo de una niña de cuatro años con la sola ayuda de un cepillo circular. Cuando llevaba ya nada más y nada menos que 45 segundos me di cuenta de que aquello no iba a ningún sitio y con las mismas me fui a mi casa a por un peine. De ahí lo de saber lo que vale un peine. Aunque fue una tarea ardua, yo con lo de los nudos cabelliles tengo experiencia (qué misteriosa es la vida, al final todo está conectado) y, sin ánimo de echarme flores que no me merezca, hice un trabajo excelente. Cero tirones, cero nudos.

Hoy la citada niñita se cayó y se hizo pupa en las manos y con las mismas pronuncié unas palabras mágicas en español que quitán el dolor automáticamente y que no son el bálsamo de Fierabrás. Se trata de “sana, sana, culito de rana, si no sanas hoy, ya sanarás mañana”. Como en mi vecindario sólo hablo español yo, la cosa fue de mano de santo porque coló totalmente lo de la magia milagrosa de dichas palabras. Nada, que me lo paso pipa. Dejad que los niños se acerquen a mí. Los niños guays, eh, los repelentes, bien lejos.

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