Hace tiempo, me encontraba yo en la Ópera de Helsinki con un hombre. Eran aquellos días de gran suspense. Llevaba un reloj de muñeca con forma de brazalete. Sorpresivamente, y sin nada que lo explicara, éste se rompió. Supe que aquello era una señal. Un tiempo se había acabado. Era el final de una etapa pero, ¿en qué sentido? Lo malo de las buenas señales es que no se puede saber su auténtico significado hasta el final de la historia. Here we go. El “the end” siempre llega.