Posteado por: Alejandra | 30 Noviembre 2008

Nueva York es un lugar maravilloso

Ya sé, ya sé. Cada vez que toca venir a NYC refunfuño mode Doña Rogelia, porque ya he estado muchas veces, porque quiero conocer otros sitios, porque patatín, porque patatán, pero la realidad es que Nueva York es un lugar maravilloso. Es la capital del mundo y creo que yo quiero formar parte de ello. Cuando expreso este “quiero” no es un “cómo me gustaría vivir aquí” o un “yo podría vivir aquí” sino más bien un “voy a trabajar activamente en que mis pasos vitales me conduzcan a esta ciudad”. ¿Suena bien?

En estos dos días hemos estado caminando la gran manzana, comprando zapatos para niños, empleando horas en la planta de literatura infantil de “Barnes & Noble” y en general pisando la ciudad como auténticas new yorkers. Fermina me contó un pensamiento de un conocido autor por aquí: “En NYC hay tres tipos de personas: las que han nacido aquí, los que sólo vienen a trabajar durante el día y los que han venido a esta ciudad para hacerla su casa. Los primeros dan a la ciudad su fundamento, sus pilares; los segundos su agitación continua; los terceros, su pasión”. Yo soy o seré del tercer grupo. Ya lo soy. NYC es como la ciudad esmeralda: llegar a ella es un excelente objetivo vital y conseguirlo, bien puede hacer olvidar otros pequeños fracasos. No cabe duda de que hoy estoy contenta.

Ayer intenté comprar una nueva cámara de fotos en Times Square, y el mozo, muy zalamero me rebajaba 20 dólares por ser yo. No la compré, no acababa de convencerme. Mientras, Fermina estaba en la cola para conseguir entradas para el mismo día en Broadway. Una cola acromegálica, claro. No es que seamos unas losers que no sepan comprar por adelantado en Internet. Es que habíamos comprado para American Buffalo de Mamet con Cedric the Entertainer, John Leguizamo y Haley Joel Osment, el niño de “El sexto sentido”, y la obra recibió tan malas críticas que se cayó de cartel en dos semanas. La buena noticia es que tengo unas entradas de una representación que jamás se hizo.

En la cola yo insistía en que “¿musicales? No, gracias”. Una cola larguísima. Apareció por allí un revendedor. “-¿Wicked?-”. Nuestras. Otro musical. Bien es verdad que es el musical más taquillero de Broadway en los últimos años y con excelentes reviews de conocidos y extraños, pero bueno. Ya hablaré más adelante de la cosa. Tras conseguir nuestras entradas en la reventa, aunque a precio de taquilla (¿no es raro?) nos fuimos a un sitio que se llama “Ruby Foo”, un restaurante chino-japonés, bastante chulo y definido por el “New York Magazine” como un lugar “Kitsch con aire palaciego, más propio de Las Vegas que de Gotham”. Ya se sabe, rojos, dorados, mesas cuyo centro gira… Como el principio de “Indiana Jones y el templo maldito”. A mí me gustó. A mí me gusta todo lo que sea teatral. Porque mi vida es una vida dedicada al espectáculo y el show must go on. Además, estaba allí Stephen Baldwin, al que seguramente recordaréis por películas como “Sospechosos habituales”. Una ruina de hombre, una decadencia… Bueno, que muy mal. Pero lo realmente interesante de este párrafo es que tú estás en cualquier bar en NYC y en la mesa de al lado hay alguien a quien conoces de toda la vida. Para que luego digan que es una ciudad deshumanizada. Claro que probablemente esa persona no tenga ni pajolera idea de quién eres tú… pero, ¡ay!, no se puede tener todo.

Que sí, que luego fuimos al teatro, y después, Oh, my God, fuimos a tomar algo a un local en Central Station llamado “The Campbell Apartments”. Oh, my God: yo tengo que vivir en NYC sólo por ir a sitios así. Allí estábamos lo mejor de NYC. Tan sólo una mujer sin tacones vertiginosos: Fermina. Porque ella, no lo necesita. Yo, preveyendo posibles contingencias ya me había calzado mis zapatos de charol rojo. Todos los que estábamos allí éramos tan finos y glamourosos. Y no sólo eso. Todos los que estábamos allí teníamos poder. Déjenme aclarar esto: seguramente yo era la única mona en ese local sin un ápice de influencia en la gran manzana, pero indudablemente tengo una gran imaginación y sé como encajar en los sitios. Cualquiera que me hubiera visto anoche hubiera pensando que soy la autora del último best-seller reseñado en Oprah. Al tiempo. Déjenme añadir que uno de los usuarios era un militar vestido con su traje azul marino de gala, y yo me sentí un poco en “Tal como éramos”. Estar en NYC es estar dentro de una película.

campbell-apartment-2

Estos dos últimos días han sido maravillosos. Me explayaré más con el tema. Después de estos días con Fermina, tengo la cabeza llena de nuevas ideas y reflexiones. New York es un lugar maravilloso.


Respuestas

  1. Yo también, de cerca y de lejos vivo Nueva York. Yo también le quiero.
    Tengo que volver a Nueva York. Tengo que volver. Leyendote las ganas se hacen afán.

  2. Tengo que ir, lo sé.

  3. Me encanta tu blog!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! jaja


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