A mí en general todas las quejas contra la sociedad consumista me suelen parecer un peñazo. Fundamentalmente porque la mayoría de las quejas de nuestro mundo contemporáneo no son más que otro producto de consumo. La rebelión se ha convertido en otro tipo de bien y se trafica con él como se podría traficar con bastoncillos para los oídos. A mí me da más o menos lo mismo que la gente consuma más o menos. Estoy de acuerdo en que hay consumos que son para subirse a una azotea con un rifle de largo alcance, como por ejemplo, la cantidad de energía eléctrica que gastan los americanos para tener todas y cada una de las habitaciones encendidas siempre. Pero también creo que cada vez que nos acercamos a la catástrofe, va alguien que inventa algo nuevo y mágicamente se arregla todo. Me acuerdo de una entrevista a Matt Ridley, un periodista científico, autor de un libro que se llama “Genome, Nature Via Nurture: Genes, Experience, and What Makes Us Human“, en la que explicaba que si no hubiéramos dejado nunca la fase de cazadores-recolectores, ahora necesitaríamos 85 planetas para alimentar a la población mundial. Vamos, que la gente se cree que la naturaleza permanece incólume mientras nosotros nos dedicamos a destruirla, cuando la cosa más bien es un bucle retroalimentador. Para que se me entienda: jamás hubiéramos llegado a los 6000 millones de personas si no hubiéramos dejado la fase cazadora-recolectora. Por eso hay que ejercer algo de optimismo católico y dejar de pensar que el mundo va a acabarse. Hay que impulsar un desarrollo sostenible, of course, pero abandonar ya las teorías apocalipticas en las que nos hemos instalado de manera algo ridícula. Ya inventarán algo.
Toda esta perorata criticando los grandes éxitos de la “contra-cultura contemporánea”, viene a que a mí lo que me fastidia de verdad, no es el consumismo, sino el consumo. Porque yo soy una teórica muy alejada de cuestiones pedestres, como conviene a mi glamour y elegancia. A mí lo que me parece intolerable es que haya que comer, o vestirse para no congelarse, o necesitar fluor para no quedarse sin dientes, o dormir bajo techo para que no venga un león y te coma. A mí lo que me fastidia es tener cuerpo. Si no tuviéramos cuerpo podríamos dedicarnos a lo que quisiéramos y todas nuestras presiones vitales desaparecerían por arte de magia. No estaríamos atados a ninguna responsabilidad. No tendríamos miedo a morirnos de hambre. Nadie podría estar por encima de nosotros ni nosotros estaríamos por encima de nadie. Nuestras relaciones personales serían más intensas y más honestas. Viviríamos para siempre en el mundo de nuestros sueños. La vida sería fantástica.
Bueno, vale. Está bien. Me he convertido en una idealista. ¿Qué pasa?
Hay algunos cuerpos que merecen ser tenidos. Además si fuésemos incorpóreos ya me cuentas como se jugaría al fútbol.
Por: Doyle el 11 Noviembre 2009
a las 9:24 am
pues sin cuerpo te perderías la mitad de los piropos… yo no digo na
Por: Gons el 11 Noviembre 2009
a las 10:31 am
Si te quiero tanto, al margen de lo demás, es por lo bien que argumentas, explicas y transmites.
Totalmente de acuerdo. Yo quiero ser espíritu puro.
Por: Mariluz el 11 Noviembre 2009
a las 12:15 pm
Lo del fútbol ha sido un argumento definitivo para mí.
Y yo sacrificaría gustosamente esa mitad de piropos con tal de librarme de la esclavitud del cuerpo.
Por: Alejandra el 11 Noviembre 2009
a las 5:05 pm
¿¿¿y dónde buscaríamos ese precioso ojo sin un cuerpo que lo sostuviera??? no puedes hacernos eso, definitivamente, no
Por: Gons el 11 Noviembre 2009
a las 5:11 pm
Hay que ver qué amable es Gons.
Por: Alejandra el 11 Noviembre 2009
a las 10:40 pm